Ella es definitivamente Pagannini y en sus piernas se esconde el
Trino del Diablo.
¿Quién entiende a
las mujeres?
Yo la verdad ya
dejé de pensar en eso hace un buen rato, esa será la eterna pregunta de los
hombres y de muchas de nosotras mismas, aunque en el aspecto sexual tengo una
noción más clara, quizás porque ahí no hay “hombre” o “mujer”, ahí sólo hay
pasión, humedad, dos cuerpos que se sostienen fuerte como para hacer que el
momento más sublime se alce hacia el infinito. Creo que las mujeres son como
instrumentos musicales, si no sabes cómo tocarlas, entonces harán solamente un
ruido impresionante; pero si eres delicad@ con ella, te pueden dar un recital
de Vivaldi si lo haces elaboradamente (usa la imaginación, algo barroco,
complejo), Bach regalándote los gemidos más bajos cual delicadas notas
compuestas por ángeles o incluso Bethoven si desde la apertura quieres unas
notas más apasionadas y casi violentas; eso sí… cuidado con perderse entre sus
sonidos, porque muy adentro toda mujer tiene un poco (o mucho) de Niccolo
Pagannini, de quien se rumoraba tenía un pacto con el diablo (sino era el diablo
mismo) y compuso El Trino del Diablo.
Confieso que volví
a mi demonio, volví con mi ex novia y allí estaba ella… con su cuerpo desnudo
en mi cama, haciéndome olvidar todo problema del pasado y uso de la razón
actual, todo era completamente diferente, era una mujer más osada, no quedaba
satisfecha con los mismos movimientos de antes, era más inquieta, dominante…
pronto iba a descubrir que el tiempo separadas no la hizo más madura o menos
orgullosa, pero le abrió los ojos a emociones intensas que se daban en ella con
un repertorio diferente de posiciones y algo más.
Sólo quiero hablar,
me dijo, accedí y al otro día ya estaba en mi trampa sin salida, comenzamos
discutiendo de nuevo sobre la poca atención que yo le presté mientras estábamos
juntas y yo le echaba en cara todas las veces que la hice feliz. Así pasaron 5
minutos hasta que me besó casi con ira y me dijo: “vas a seguir peleando?...
arrogante!”, no me sorprendió esto, pero la fuerte palmada que me dio en la
nalga me hizo recordar este tipo de escenas de pelis porno en la que una mujer
quiere ser; reaccioné a tiempo para no parecer puritana haciendo lo mismo y le
dije: “malagradecida!”. Tenía un poco más de peso, no me molestó porque cuando
pasa se le ven más grandes los senos, nos besamos como nunca y por primera vez
hicimos el amor contra una pared, besé sus senos y baje a su pubis tratando de
absorber de nuevo todo el sabor y el olor que siempre había percibido como mío
y ahora no tenía dueño.
Todo era diferente,
yo también había tenido otras experiencias y esa falta de pertenencia me animó
a probar nuevas cosas, puse sus manos sobre el bode de la cama y la incliné,
así sus caderas estaban a mi disposición, verla así me hizo excitar más
pensando que podría hacer lo que quisiera con alguien que tan malos ratos me
hizo pasar, besé entre sus caderas y comencé a dilatar su ano con mi lengua,
luego me animé a meter un poco mi dedo, aunque trató de pararme no se lo
permití, sólo le di una palmada y le dije “déjame”… después de un tiempo así
cayó rendida. Estaba sorprendida, ambas lo estábamos, fue algo como una
venganza, hacer el amor con fuerza para cobrar nuestras pasadas deudas. Pensé
que todo había terminado hasta que me pidió un momento, fue a la sala por su
bolso y cuando llegó a la habitación tenía un dildo doble, la verdad no uso
juguetes, no se me ha dado la oportunidad y las mujeres con quienes he estado
han sido cautelosas con el tema; lo metió a su boca y comenzó a rozarlo con mi
clítoris lentamente, yo cada vez sentía que la humedad era incontrolable, la
sensación no era similar a lo que llegué a sentir cuando tuve experiencias
heterosexuales, el saber que era una mujer la que me entraría a mí de esa
manera me ponía entre nerviosa y excitada; entró sólo con la punta y de una
arremetida tenía la mitad de su rosado juguete en mí se notaba su experiencia
pues enlazó sus piernas con las mías y en un segundo ya estaba moviendo su
cintura contra mí sentía como entraba y salía, al tiempo que su humedad caía
sobre sus muslos, la veía encima de mí y no podía controlarlo, por lo que
llegué a un intenso orgasmo que precedió por unos minutos al suyo.
Ya han pasado un
par de días y aquí estoy como al principio, escribiéndole a ella y llorando al
confrontar que nuestra relación sólo funciona en la cama. Ella es definitivamente
Pagannini y en sus piernas se esconde el Trino del Diablo.
ALONDRA










