miércoles, 5 de diciembre de 2012


Ella es definitivamente Pagannini y en sus piernas se esconde el Trino del Diablo.


¿Quién entiende a las mujeres?
Yo la verdad ya dejé de pensar en eso hace un buen rato, esa será la eterna pregunta de los hombres y de muchas de nosotras mismas, aunque en el aspecto sexual tengo una noción más clara, quizás porque ahí no hay “hombre” o “mujer”, ahí sólo hay pasión, humedad, dos cuerpos que se sostienen fuerte como para hacer que el momento más sublime se alce hacia el infinito. Creo que las mujeres son como instrumentos musicales, si no sabes cómo tocarlas, entonces harán solamente un ruido impresionante; pero si eres delicad@ con ella, te pueden dar un recital de Vivaldi si lo haces elaboradamente (usa la imaginación, algo barroco, complejo), Bach regalándote los gemidos más bajos cual delicadas notas compuestas por ángeles o incluso Bethoven si desde la apertura quieres unas notas más apasionadas y casi violentas; eso sí… cuidado con perderse entre sus sonidos, porque muy adentro toda mujer tiene un poco (o mucho) de Niccolo Pagannini, de quien se rumoraba tenía un pacto con el diablo (sino era el diablo mismo) y compuso El Trino del Diablo.
Confieso que volví a mi demonio, volví con mi ex novia y allí estaba ella… con su cuerpo desnudo en mi cama, haciéndome olvidar todo problema del pasado y uso de la razón actual, todo era completamente diferente, era una mujer más osada, no quedaba satisfecha con los mismos movimientos de antes, era más inquieta, dominante… pronto iba a descubrir que el tiempo separadas no la hizo más madura o menos orgullosa, pero le abrió los ojos a emociones intensas que se daban en ella con un repertorio diferente de posiciones y algo más.
Sólo quiero hablar, me dijo, accedí y al otro día ya estaba en mi trampa sin salida, comenzamos discutiendo de nuevo sobre la poca atención que yo le presté mientras estábamos juntas y yo le echaba en cara todas las veces que la hice feliz. Así pasaron 5 minutos hasta que me besó casi con ira y me dijo: “vas a seguir peleando?... arrogante!”, no me sorprendió esto, pero la fuerte palmada que me dio en la nalga me hizo recordar este tipo de escenas de pelis porno en la que una mujer quiere ser; reaccioné a tiempo para no parecer puritana haciendo lo mismo y le dije: “malagradecida!”. Tenía un poco más de peso, no me molestó porque cuando pasa se le ven más grandes los senos, nos besamos como nunca y por primera vez hicimos el amor contra una pared, besé sus senos y baje a su pubis tratando de absorber de nuevo todo el sabor y el olor que siempre había percibido como mío y ahora no tenía dueño.
Todo era diferente, yo también había tenido otras experiencias y esa falta de pertenencia me animó a probar nuevas cosas, puse sus manos sobre el bode de la cama y la incliné, así sus caderas estaban a mi disposición, verla así me hizo excitar más pensando que podría hacer lo que quisiera con alguien que tan malos ratos me hizo pasar, besé entre sus caderas y comencé a dilatar su ano con mi lengua, luego me animé a meter un poco mi dedo, aunque trató de pararme no se lo permití, sólo le di una palmada y le dije “déjame”… después de un tiempo así cayó rendida. Estaba sorprendida, ambas lo estábamos, fue algo como una venganza, hacer el amor con fuerza para cobrar nuestras pasadas deudas. Pensé que todo había terminado hasta que me pidió un momento, fue a la sala por su bolso y cuando llegó a la habitación tenía un dildo doble, la verdad no uso juguetes, no se me ha dado la oportunidad y las mujeres con quienes he estado han sido cautelosas con el tema; lo metió a su boca y comenzó a rozarlo con mi clítoris lentamente, yo cada vez sentía que la humedad era incontrolable, la sensación no era similar a lo que llegué a sentir cuando tuve experiencias heterosexuales, el saber que era una mujer la que me entraría a mí de esa manera me ponía entre nerviosa y excitada; entró sólo con la punta y de una arremetida tenía la mitad de su rosado juguete en mí se notaba su experiencia pues enlazó sus piernas con las mías y en un segundo ya estaba moviendo su cintura contra mí sentía como entraba y salía, al tiempo que su humedad caía sobre sus muslos, la veía encima de mí y no podía controlarlo, por lo que llegué a un intenso orgasmo que precedió por unos minutos al suyo.
Ya han pasado un par de días y aquí estoy como al principio, escribiéndole a ella y llorando al confrontar que nuestra relación sólo funciona en la cama. Ella es definitivamente Pagannini y en sus piernas se esconde el Trino del Diablo.

ALONDRA

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